En 1955, la Seda inició la construcción de 110 viviendas. La finalidad era cubrir las necesidades de las familias de trabajadores venidos de fuera, que no encontraban casas donde instalarse en El Prat. La inauguración oficial se realizó en junio de 1958. Las casas se edificaron en las afueras del casco urbano y formaban un pequeño barrio entre las calles Girona y Jaume Casanovas, la carretera de la Aviación y la avenida Once de Septiembre. Dos calles nuevas, el del Vendrell y el de Carlos Stulemeijer, dedicado a un directivo de la empresa, cruzaban el barrio. El proyecto arquitectónico fue obra de Joaquín de Moragas, arquitecto municipal.
Estas viviendas eran exclusivamente para los trabajadores de la empresa y fueron una iniciativa del director general de la compañía Carlos Stulemeijer. Las casas de la seda fueron inauguradas oficialmente el 26 de junio de 1958, que ya estaban ocupadas por los trabajadores y sus familias, y un año más tarde, la empresa construía 54 nuevas viviendas para sus trabajadores en la carretera de la Bunyola, esquina con la calle Tarragona
Las casas, con una misma estructura exterior, eran de tres tipos: unifamiliares de planta baja y piso; de planta baja y de piso. Las viviendas eran de alquiler sin derecho a compra y la adjudicación se hizo por sorteo entre todo el personal solicitante.
Las casas, conocidas popularmente como holandesas, más por su origen que por su estructura, disponían de un pequeño patio. En los años ochenta, los inquilinos accedieron a la propiedad y, actualmente, el barrio recibe el nombre de Casas de la Seda.
Los vecinos, conscientes de la suerte que representaba en aquellos años tener una casa, dadas las dificultades para acceder a una vivienda, se preocuparon por mantener y aumentar la buena imagen del conjunto de construcciones. Así, desde 1959 organizaron concursos para premiar los mejores jardines y estimulaba el espíritu colectivo con la organización de actividades festivas, especialmente intensas durante la fiesta mayor del barrio, coincidiendo con San Juan. Muchos de estos concursos, que contaban con una gran participación del vecindario, se siguen realizando en la actualidad con algunas modificaciones para adaptarlas a los nuevos tiempos. A pesar de ser actividades para los vecinos y las vecinas, el reclamo de muchas fiestas ha ido mucho más allá de los limites del barrio y ha atraído gente de cualquier lugar de la ciudad. Este es el caso de las populares verbenas de San Juan, que han quedado como un referente lúdico de generaciones enteras de pratenses.
Desde el año 2004, todo el barrio forma parte del catálogo y plan especial del Prat, que prevé la protección de los elementos exteriores que conforman la identidad del barrio y que le confieren su peculiaridad: la obra vista, los postigos romboidales blancos y verdes, los patios, etc.