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GRANDES DESCUBRIMIENTOS: «EL MISTERIOSO JABÓN»

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Un objeto tan cotidiano como es ahora el jabón, en la antigüedad era considerado como un objeto de lujo, pues la difícil extracción y fabricación de sus componentes requería un poder económico no alcanzable para la mayoría de la ciudadanía, por lo que el índice de salubridad y epidemias en la población dejaba mucho que desear.¿Pero no creeis que es demasiada coincidencia que el cuerpo humano necesite desinfectarse y que componentes naturales tengan la solución?.

Hace aproximadamente unos 3 mil años, en Mesopotamia, actual Irak, un hungüento de resinas y cenizas y minerales, elaboradas por artesanos, tenían la capacidad de higienizar la piel, por lo que en la antigüedad se consideraba un habito muy peculiar y de distinción por el que todo el mundo debía presumir, hábito que sin duda en la edad media desapareció entrando en una etapa de decandencia en las ciudades.

En todas las sociedades de la época,  aquel mágico hungüento tenia diferentes características a base de aceites, incluso de pétalos  de flores para darles color y aromas, pero fue la Ceniza, el elemento común entre todos, ya que la combustión de maderas y componentes , surgía el desconocido carbonato de sodio, una especie de primigenia lejía que hacia los efectos que todos podemos imaginar.

En el siglo XI, los cruzados trajeron a Centroeuropa el jabón, al comerciar con los fenicios introdujeron en nuestro caso Cartagena y Cádiz. Pero aún las gentes no parecían estar por la labor, ya que la hambruna y la inseguridad  en la vía pública era el principal problema, desembocando en la insalubridad de las ciudades y pandemias como la Peste Negra.

Fue a partir del siglo X, concretamente en Sevilla, cuando empezó el monopolio de la fabricación del jabón en la Península. Ya en el siglo XVI, tras la reconquista fue conocido como el Jabón de Castilla, exportándose incluso al nuevo continente. Fue un cambio radical en la salubridad de la población y las ciudades, ya que contribuyo a la desaparición de pandemias,infecciones y con ello disminución de las muertes. 

En 1791 Nicolas Leblanc inventa un procedimiento para obtener carbonato de sodio a partir de la sal marina, lo que simplificaba y abarataba el proceso de obtención de la sosa. En 1823, Eugène Chevreul demuestra que las grasas están formados por una combinación de glicerol y ácidos grasos y explica así químicamente la reacción de la saponificación descubierta por los sumerios.

En el siglo XX, el jabón tradicional tuvo que competir con los tensioactivos sintéticos que se utilizan hoy en día en los detergentes, productos de limpieza, que además son altamente contaminantes.

¿Qué magia y coincidencia milagrosa hace que este hungüento funcione? y  ¿porque debe estar presente el conocido H2O (nuestra agua)?, pues más que magia, podríamos decir química, pero misterioso reconocer que un problema humano, tiene la solución la química natural del entorno.            

El jabón está hecho de moléculas, cada una de las cuales tiene una cabeza hidrofílica (se enlaza fácilmente con agua) y una cola hidrofóbica, que rehúye el agua y se adhiere fácilmente a aceites y grasas.

La reacción química que producen las cenizas ricas en sosa y grasa se llama saponificación, nuestro hungüento. Algunas moléculas de jabón rompen los enlaces químicos que permiten a las bacterias, los virus y la mugre adherirse a las superficies, pero es necesaria la implicación del agua, ya que sus moléculas hacen que rompan y se desprenda de la piel arrastrándolas.

Cuando te enjuagas las manos todos los microorganismos que han resultado matados, heridos y atrapados por las moléculas de jabón son arrastrados por el agua.

Así que la próxima vez que veas a un Artesan@ con sus perfumeantes jabones caseros y con mimo, sonríele con admiración, porque su producto natural milenario hizo cambiar los pilares de nuestra civilización.

-Miguel Pérez.

Centro Tecnológico STEM  / www.cetcom.es

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Mito falso:  En la antigüedad todos creían en la Tierra plana.

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iHombre como especie a intentado dar explicación y entender o reflexionar por lo que le rodea, a veces desde una base empírica y otras desde una perspectiva filosófica o religiosa, no se le puede quitar mérito a las diferentes teorías de la antigüedad, porque quizás no tengamos los conocimientos necesarios o técnicas para medir la realidad en una era concreta de nuestra civilización. La imposición y la verdad religiosa sobre la realidad  también puso de parte.

Hay una creencia generalizada de que los antiguos pensaban que la Tierra era plana , pero realmente muy pocas personas cultas eran las que promovían dicha verdad errónea. Nuestros predecesores, al menos a partir del siglo V aC, tenían buenos motivos para creer que la Tierra era esférica.

Ptolomeo en su obra Almagesto (siglo II de nuestra era) ya introducía algunas evidencias que indicaban que la Tierra era esférica.

Sin citar literalmente, Ptolomeo decía en el Almagesto que es posible ver que el Sol, la Luna y los demás astros no salen y se ponen al mismo tiempo para todos los observadores de la Tierra, sino que lo hacen antes para los que viven más al este y más tarde para los que viven más al oeste. Del mismo modo, los eclipses de Luna no todos los registran al mismo tiempo. Si la Tierra fuese plana las estrellas saldrían y se pondría para todos al mismo tiempo.

La Tierra no podía ser cilíndrica porque cuanto más se avanza hacia el polo norte más parece ocultarse las estrellas meridionales y más aparecen las septentrionales. Está, pues, claro que la curvatura de la Tierra cubriendo partes uniformes en direcciones oblicuas prueba que es esférica por todas partes.

Otra prueba era que cuando se navegaba hacia una montaña u otro lugar elevado desde cualquier ángulo y cualquier dirección, vemos que su volumen va aumentando poco a poco como si surgiera del mar, mientras que antes parecía sumergida debido a la curvatura de la superficie del agua.

Recordemos también la medición del radio terrestre por Eratóstenes (siglo III aC) que también se basó en la esfericidad de la Tierra. Además, tuvo que considerar que el Sol estaba suficientemente lejos para considerar que los «rayos» del Sol entraban paralelos a la superficie de la Tierra.

 Colón también sabía que era redonda. Si nos acercamos un poco más a nuestro tiempo podemos comprobar que casi todos los autores consideraban que la Tierra era esférica. Por indicar algunos nombres, tanto Tomás de Aquino (1224-1274), Roger Bacon (1214-1294) o Alberto Magno (1193-1280) coincidían en afirmar que la Tierra era esférica. Y sí, Colón (1436-1456) también sabía que era redonda, contrariamente a la extendida creencia de que a partir de Colón la Tierra empezó a ser esférica.

Más difícil fue, sin embargo, demostrar que la Tierra se movía. Pero no hay que culpar a los antiguos, porque hasta la invención del telescopio y los descubrimientos que realizó Galileo, no se empezó a tener pruebas más convincentes de que la Tierra se movía. Los antiguos no tenían creencias absurdas sobre el mundo, todas sus creencias con las que intentaban explicar el mundo encajaban como un puzzle. Que muchas de esas ideas hoy día las consideremos  erróneas no les quita mérito. No cabe duda de que si hoy desapareciera todo nuestro conocimiento, y borráramos nuestra memoria, mañana nos despertaríamos pensando que la Tierra es el centro del Universo.

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