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KONRAD ZUSE, EL PRECURSOR DE LA COMPUTACIÓN

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No hay desarrollo tecnológico completo si no haces posible que los demás accedan a la información

Una de las premisas más importantes para que una sociedad avance es que los conocimientos lleguen a la ciudadanía. La era de la informática es un gran ejemplo de ello.

Konrad Zuse, en 1936, empezó a gestar las bases de su particular computadora, la Z1. Esta máquina inicial era capaz de recibir datos que eran convertidos mediante su sistema a un primigenio código binario, que me hace recordar a los procesadores o microchips de hoy. Contaba con un sistema de memoria mecánica, patentado por Konrad, capaz de almacenar 64 datos. Podríamos decir que fue el precursor del almacenamiento de datos, eso sí, sin electricidad alguna.

Complejo imaginar…verdad…?
Pasaron los años y la Z1 siguió mejorando, dando paso a la Z2, Z3 hasta llegar a la Z4.

La Z4 era capaz de hacer mil operaciones por hora y once multiplicaciones en un segundo, se automatizó con una máquina de escribir, con un sistema de palancas, cuyo sistema de activación transformaba la información de bits en pulsaciones de tecla, casualmente esta máquina fue prestada por la todopoderosa marca Mercedes.

Se habla de una dudosa y oscura utilización de esta computadora por el ejército nazi durante la segunda Guerra Mundial, tema histórico en el que no vamos a entrar, puesto que en este momento hablamos de Ciencia.

Es en 1984 es cuando Konrad se puso manos a la obra a reconstruir su Z4, con la ayuda de alumnos de ingeniería y la marca alemana Siemens. En 1950, la empresa Zuse, lanzó la primera y única computadora que se comercializaba en Europa. Y en 1969 fue la primera en utilizar cintas magnéticas en rollo.

Recuerden que investigar analizar, observar, equivocarse y aprender. Dialogar, respetar a los demás…hace que la comunidad avance y que las sociedades se desarrollen…

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Mito falso:  En la antigüedad todos creían en la Tierra plana.

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iHombre como especie a intentado dar explicación y entender o reflexionar por lo que le rodea, a veces desde una base empírica y otras desde una perspectiva filosófica o religiosa, no se le puede quitar mérito a las diferentes teorías de la antigüedad, porque quizás no tengamos los conocimientos necesarios o técnicas para medir la realidad en una era concreta de nuestra civilización. La imposición y la verdad religiosa sobre la realidad  también puso de parte.

Hay una creencia generalizada de que los antiguos pensaban que la Tierra era plana , pero realmente muy pocas personas cultas eran las que promovían dicha verdad errónea. Nuestros predecesores, al menos a partir del siglo V aC, tenían buenos motivos para creer que la Tierra era esférica.

Ptolomeo en su obra Almagesto (siglo II de nuestra era) ya introducía algunas evidencias que indicaban que la Tierra era esférica.

Sin citar literalmente, Ptolomeo decía en el Almagesto que es posible ver que el Sol, la Luna y los demás astros no salen y se ponen al mismo tiempo para todos los observadores de la Tierra, sino que lo hacen antes para los que viven más al este y más tarde para los que viven más al oeste. Del mismo modo, los eclipses de Luna no todos los registran al mismo tiempo. Si la Tierra fuese plana las estrellas saldrían y se pondría para todos al mismo tiempo.

La Tierra no podía ser cilíndrica porque cuanto más se avanza hacia el polo norte más parece ocultarse las estrellas meridionales y más aparecen las septentrionales. Está, pues, claro que la curvatura de la Tierra cubriendo partes uniformes en direcciones oblicuas prueba que es esférica por todas partes.

Otra prueba era que cuando se navegaba hacia una montaña u otro lugar elevado desde cualquier ángulo y cualquier dirección, vemos que su volumen va aumentando poco a poco como si surgiera del mar, mientras que antes parecía sumergida debido a la curvatura de la superficie del agua.

Recordemos también la medición del radio terrestre por Eratóstenes (siglo III aC) que también se basó en la esfericidad de la Tierra. Además, tuvo que considerar que el Sol estaba suficientemente lejos para considerar que los «rayos» del Sol entraban paralelos a la superficie de la Tierra.

 Colón también sabía que era redonda. Si nos acercamos un poco más a nuestro tiempo podemos comprobar que casi todos los autores consideraban que la Tierra era esférica. Por indicar algunos nombres, tanto Tomás de Aquino (1224-1274), Roger Bacon (1214-1294) o Alberto Magno (1193-1280) coincidían en afirmar que la Tierra era esférica. Y sí, Colón (1436-1456) también sabía que era redonda, contrariamente a la extendida creencia de que a partir de Colón la Tierra empezó a ser esférica.

Más difícil fue, sin embargo, demostrar que la Tierra se movía. Pero no hay que culpar a los antiguos, porque hasta la invención del telescopio y los descubrimientos que realizó Galileo, no se empezó a tener pruebas más convincentes de que la Tierra se movía. Los antiguos no tenían creencias absurdas sobre el mundo, todas sus creencias con las que intentaban explicar el mundo encajaban como un puzzle. Que muchas de esas ideas hoy día las consideremos  erróneas no les quita mérito. No cabe duda de que si hoy desapareciera todo nuestro conocimiento, y borráramos nuestra memoria, mañana nos despertaríamos pensando que la Tierra es el centro del Universo.

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